domingo, 8 de septiembre de 2013

Se va, y no

Para el surtido de flores, con amor:

Se va, pero deja sus flores; expectantes, amorosas, como su intención. Se va, pero deja el cariño suspendido cubriéndome en un halo de ternura, hasta su vuelta. Se va y no desea marcharse, quizá. Entonces se va, y no. Se queda en las flores frente la mirada suplicante de la joven del cuadro. Se queda en el suspiro suspendido en el sofá, y en mis ojos, y en los bordes permitidos.
Fabs



jueves, 28 de febrero de 2013

Un momento


Ya no escribiré necedades.
Sé de implosiones y del instante previo al ser.
Sé de optimismo y la tolerancia. De sueños bellos.
Y a veces hay cosas que no deseo saber.
Huir. Huir a tiempo. Buscar en Leibniz el consuelo.
También necesito a veces sentarme y encogerme.
Después, seguramente empezaré de nuevo.
Fabs

sábado, 23 de febrero de 2013

La antagónica actriz


Ya has visto mi disimulo. Soy una excelente actriz antagónica de mí misma. Reconócelo y sigue girando. No, no cierres la puerta, quizá dimita en cuanto escuche tus pasos alejarse y detenerse, regresar y continuar, detenerse, alejarse. Hay algo metafísico tuyo y mío concentrado ahí, en algún lugar inexistente. ¿Una necesidad?, ¿un fin? Sea lo que sea nos atrapa en su gravedad y no hay escape. Quizá nos mantenga girando muchos años, muchas vidas o infinitamente.

jueves, 7 de febrero de 2013

Un 7 de febrero

Música de fondo para el relato:


He tejido recuerdos para revivirnos en el tiempo. Mis mangas guardan cierta humedad añeja y los vestigios de fortunio. Se han mecido en mi mente y en mi alma sentimientos de paz y de guerra. Mis ojos y mis labios; mis manos, han sido testigos de mis batallas. No sé de dónde partí buscando un rastro. No sé cuánto tiempo he vivido hasta encontrar la certeza. Pero un día vi tu reminiscencia en la bifurcación de un camino y algo estalló aquí, dentro, con hermosa violencia inundándolo todo. Eso debió sentir aquel naúfrago al encontrar otras huellas en la playa.
Avancé por el camino recién iluminado. Qué sorpresivo a cada paso. Mi alma asombrada tiraba de mi mente instándola a percibir su agradecimiento. ¡Lo encontraste! –creí escucharle decir. Una fuerza indefinida me empujó y seguí, también tú avanzabas hacia mí, despacio, movido por la sorpresiva aparición de una extraña. Caminamos con tiento tanto como pudimos sobre aquel sendero indefinido, casi infranqueable. Cuando nos hallamos cerca como para ver nuestros rostros, los dos sonreíamos. Nuestros ojos temblaban radiantes. ¿Nos reconocimos? Y extendimos nuestras manos para asirnos pero… se terminó el camino. Miramos hacia un lado y otro consternados por las circunstancias. Miramos hacia el fondo. Una enorme grieta, un precipicio. Volvimos a mirarnos todavía radiantes. Volteamos hacia un lado y otro buscando alternativas, un atajo, otra forma de alcanzarnos. Nada.
¡Qué cerca estamos esta vez!, dije en un suspiro. Tú asentiste apretando los puños todavía cuestionando al destino. Nos despedimos. Cada uno volvió sobre sus pasos pero regresamos incontables veces al borde del precipicio. Una apremiante necesidad quizá, de constatar que seguimos vivos.
Fabs

domingo, 3 de febrero de 2013

Sobre el trabajo

Esto que a continuación escribo, lo rescato del libro "Días de lectura", de Marcel Proust, quien cita a Ruskin (otro grande), a quien pertenece el fragmento:

"Hay un trabajo que debemos hacer para ganarnos el pan y debemos hacerlo con ardor; en cambio, otro trabajo nos espera para nuestro júbilo y éste debe hacerse con el corazón. Ni uno ni otro deben hacerse a medias o tergiversando, sino con voluntad y lo que no es digno de este esfuerzo no debe ser hecho en modo alguno".

Esto me parece impregnado de la filosofía griega: si algo merece la pena hacerse, entonces hay que hacerlo bien. Hay personas que tienen la fortuna de realizar un trabajo que no sólo les da el pan, sino que también les llena de júbilo el corazón. ¡Qué bendición!
Fabs

sábado, 5 de enero de 2013

Capítulo: Cierra mis ojos

Esta es la continuación del capítulo "Al fondo del pasillo":
http://defabs.blogspot.mx/2011/11/capitulo-x-al-fondo-del-pasillo.html

Asegúrese de escuchar la siguiente pieza como música de fondo mientras lee el relato:



Cierra mis ojos


El auto se detuvo frente al mirador. Lorna bajó incontenible con el alma escurrida y se aferró a la baranda. Desde ahí se observaba la ciudad y bajo la oscuridad la reminiscencia de sus millones de habitantes. La gran urbe tan indiferente y distante de su culpa y su desconsuelo. ¿Cómo se detiene el llanto después de una terrible pérdida?, ¿cómo se consuela a un ángel perdido cuando otro se ha marchado? Levantó la vista desafiante a la cúpula negra de puntos luminosos y profirió un grito que escoció su garganta. Después un gemido. ¿Rabia?, ¿incomprensión? Quizá sólo el atenazante sufrimiento. ¿Dónde estaba ella mientras Rodrigo agonizaba? Persiguiendo un sueño egoísta y antiguo, el único sueño que la había acechado con vehemencia. El único y recurrente deseo personal que había elegido. La certeza de ese ángel. Esa fue la respuesta. Y volvió con encono el llanto y el espasmo. La persecución de la culpa. Un ligero viento le acarició el rostro y difuminó la esencia esparcida sobre sus mejillas. Su respiración fue regulándose como orquestada por el viento compasivo y consolador. La ciudad y sus luces titilantes la hacían sentir más sola y absurda; fracasada. El velo húmedo que cubría sus ojos distorsionaba también su espíritu y avivaba los recuerdos anclados a Rodrigo. Lo sugerido, lo escuchado, lo dado y recibido, y un amor rechazado y recluido. Emergió un estoico suspiro, la evidencia de su desesperación muda e infinita. Cerró los ojos, los apretó tan fuerte como sus manos a la barrera. "¡Se lo prometí!", volvió a recriminarse. "Cierra mis ojos cuando muera", le pidió Rodrigo, y después de años de lucha y de espera, Lorna, el ángel comedido, no llegó a tiempo. Tantas preguntas aglutinadas en su dolorida mente. "¡Perdón...!", profirió casi inaudible. Entre su respiración y el llanto Lorna escuchaba el sonido de algún eventual automóvil sobre la autopista a su espalda, hasta que uno se detuvo y sus faros la iluminaron. ¿Cómo se consuela a un ángel perdido cuando otro se ha marchado? Lorna giró el rostro y ahí estaba él en pie, otro ángel sin alas con la mirada precisa y una esperanza en los brazos. El ángel que era causa de la culpa y del acuciante sueño de antaño.
Fabs
 

martes, 1 de enero de 2013

Una petición especial de perdón

Pensé que para comenzar el año debía escribir una entrada que rescate un fragmento de la oración que compartieron en la Iglesia ayer, cuando en mi pueblo se visita a Dios para agradecerle por el año que termina. Este fragmento es una petición de perdón:

"... Y te pido perdón por el amor desperdiciado, por los descuidos y los silencios...".

No necesita mayor explicación, ¿cierto? Quizá pueda construirse un gran propósito de año nuevo al respecto. Cuántos silencios, cuántos descuidos y amor desperdiciado se quedan en el camino.
 
FELIZ AÑO 2013.

Fabs

martes, 25 de diciembre de 2012

Tiempo lineal

Frente a frente.
Tiempo invertido, lineal.
Otro año casi.
Y aún espero.
Hay tanto que esperar.
Fabs

sábado, 24 de noviembre de 2012

La mujer del puente

 Para leer, asegúrese de escuchar esto como fondo:



La mujer del puente



“Espérame en la piazza”, le pidió en un tono displicente y, en la premura se ha escapado con sus alas. “Es sólo un momento, no tardo”. Y escampó su parasiempre entre la lluvia como sinfonía de viento, pasos y murmullo de cien cuerpos refugiados. “Pero… ¿adónde vas?”, fue el susurro inútil, eco sordo aniquilado, lánguido, sonido absurdo, llano. Y quedó Marina con el gesto inerme y los ojos encallados. Fue la última vez que él miró su rostro avellanado y ella su semblante ansioso, arisco, fastidiado. ¿Huye del hastío o del error? No lo sabe. Un presagio. Y ahí quedó sobre el puente Arana una mujer enmudecida con los labios al vuelo, con un vuelco hacia el pasado.

Mirar sin mirar. Mirar por mirar. Aturdida. Extranjera acosada por la lluvia y rostros de fantasmas. ¿Puede el desconcierto más agudo detener el tiempo? Dos opciones. La estación de trenes o aquel puente que sofoca el alma. Dos opciones. Y no encuentra el impulso para gritar o correr o refugiarse del cielo y sus entrañas. Un impulso al menos para aniquilar la rabia. La indecisión o la decisión atrasada. La lluvia le resbala y la ciega. Todos la miran expectantes... “¿qué le pasa?” Y alguien furtivo la acoraza con protectora calma. La conduce sobre el puente y sus paseantes. “¿Se encuentra bien?”, escucha Marina a lo lejos, muy de lejos sin percatarse ya de nada. Movió acompasadas sus piernas dejándose guiar por la caridad que la salva.

“¡Míreme! ¿Me escucha?”, repite el extraño una, dos veces, mientras con delicadeza toma los hombros de Marina y palmea su rostro pálido y ausente. “Confíe en mí”. Confíe en mí… confíe en mí… se repite la frase por encanto como eco en su cerebro y Marina levanta poco a poco la mirada. Busca una esperanza a la cual asirse y se detiene en sus ojos, los ojos amielados del extraño. Se conectan y él se alegra, la ha abstraído de la nada. “Soy… qué importa, déjeme ayudarla”. Una reminiscencia. Una sonrisa anónima y cercana. “Gracias… soy Marina”. Lo mira con avidez y presteza recorriendo aquella tez morena y los guarecidos ojos bajo su tejado espeso de pestañas. “Venga conmigo, tomaremos algo caliente para reanimarla”. Y se encaminaron al otro lado del puente Arana. Un final y un comienzo. La vida teje circunstancias.

“¡Disculpe! ¿Ha visto a esta mujer?”, y muestra una fotografía a cada transeúnte el que se marchó y ha regresado. Mira a todas partes con el anhelo de encontrarla. “¡Disculpe! ¿Ha visto a esta mujer?”. Sí -responde al fin un turista sorprendido-, es la mujer del puente. Se fue hacia allá, un caballero la acompaña.

Y ahí quedó. Mirar sin mirar. Mirar por mirar. Confundido. Extranjero acosado por recuerdos y un anillo en el bolsillo. ¿Puede el desconcierto más agudo detener el tiempo? Dos opciones. La estación de trenes o aquel puente húmedo, sombrío.

Fabs

miércoles, 31 de octubre de 2012